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Lo intangible: Aquello que no podemos medir

En Agilidad buscamos siempre ser pragmáticos (mejor dicho, empíricos) en nuestros proyectos de transformación o de gestión del cambio, y en este sentido nos preocupamos por evidenciar el resultado fruto del esfuerzo llevado a cabo por nuestro cliente (ya sea interno, como parte de la organización, o externo, como consultor) de manera que se justifique dicha inversión, tanto en materia económica como humana. 

Y no hemos encontrado hasta ahora mejor manera de hacerlo que basándonos en indicadores de distinta índole (métricas Agile, OKRs, encuestas de madurez de los equipos/organización, …), lo cual nos sirve para medir el grado de avance en la adopción de la cultura Agile que se persigue, así como en la implantación de nuevos marcos de trabajo, metodologías y modelos de gestión de procesos. 

Huelga destacar, llegados a este punto, lo frío y poco riguroso del término “transformación”. Con esto quiero decir que probablemente no sea el término más acertado para describir el proceso de cambio que atraviesa una organización cuando se propone tomar decisiones respecto a cómo abordar nuevos retos o garantizar la consecución de sus objetivos, ya sean estos ganar en competitividad, transversalidad, ser más eficientes, maximizar sus beneficios, reducir sus costes o desarrollar nuevos productos/soluciones de manera más eficaz, por mencionar algunos de ellos, donde la misión de un Agile Coach/Agente del cambio es la de acompañar (desde la consultoría, la mentoría o el coaching, según proceda) con el único objetivo de tratar de llevar a nuestro cliente a dónde quiera que sea que se haya propuesto llegar. 

Si bien todo lo anterior es fundamental para determinar el éxito de un proyecto Agile (convenir qué se entiende por éxito creo que da para un artículo en sí mismo y no es objeto de este artículo), creo que en ocasiones damos menos importancia de la que tiene a un ámbito tan relevante como es el de formar, motivar (resulta pretencioso querer ponerse la chaqueta de “motivador”, ya que la motivación es algo intrínseco a cada quien y que ha de encontrar fundamentalmente en base al propósito de aquello que hace, y de cómo considera que se valora o reconoce su esfuerzo y dedicación) y hacer partícipes de esta nueva hoja de ruta a sus contribuidores (comúnmente denominados empleados). 

Parece que a estas alturas se va interiorizando, y cada vez más, que todo esto de Agile va de personas, por encima de todo, en base a una serie de principios y valores, acompañado de una nueva forma de trabajar y de entender las relaciones y las interacciones entre compañeros, clientes y colaboradores. Y cada vez son más las organizaciones que se plantean proyectos de estas características desde las áreas de RRHH (hoy ya casi nadie utiliza este acrónimo, hablamos de Talento y de Personas). 

 

¿Qué es «lo intangible»?

 

En este sentido, me gustaría romper una lanza en favor de “lo intangible”. Quien haya avanzado en esta lectura hasta la línea que nos ocupa, seguramente se esté preguntando a dónde diantres pretendo llegar. Pues bien, con “lo intangible” me refiero a todo aquello que casi por arte de magia (nada más lejos de la realidad, no es sino el fruto de un trabajo bien hecho) sucede en los equipos y en sus líderes. Eso que difícilmente podrá medirse con un indicador, sea del tipo que sea.  

Nuestra capacidad de empatizar con la realidad, los problemas presentes (y por ende de discernir la herencia de contextos pasados, o, dicho de otra manera, de aquellos barros estos lodos…) y las limitaciones existentes en un equipo u organización nos da una perspectiva muy rica y valiosa de cara a enfocar cómo acompañar en un proceso de cambio o adaptación a una nueva realidad y necesidades, y nos brinda la posibilidad de tener un impacto real en las personas. 

 

¿Podemos medir su impacto?

 

Pero… ¿Cómo medir dicho impacto? No tengo la respuesta. No sé si alguien la tiene, no sé si existe, es más, si debería existir siquiera. Trasciende en cierto modo a todo aquello que sabemos manejar y presentar con números. Es más que una sensación o un indicador de éxito empresarial. ¿Qué es entonces? Echando la vista atrás, creo que se trata de una serie de apreciaciones por parte de nuestros clientes y que se traducen en: 

  • La gratitud de quienes se saben en una posición diferente, con una mirada diferente, con una capacidad de proponer o influir muy distintas a las que tenían antes de embarcarse en una aventura de tal magnitud y complejidad. 
  • El reconocimiento de que es posible trabajar de otra manera, compartiendo errores y aciertos, celebrando los éxitos y encontrando la seguridad de poder compartir con los demás todo aquello que les preocupa o tiene un impacto en su labor 
  • La apertura a entender su futuro como un abanico de posibilidades donde la colaboración y la técnica juegan un papel determinante.
  • La capacidad de desaprender, de romper con viejos patrones, viejas creencias (limitantes en su mayoría, por cierto), de darse la oportunidad de probar cosas distintas y de no avergonzarse si no salen como esperaban, sino de aprender de la experiencia.
  • La valoración de un esfuerzo llevado a cabo, no siempre en las mejores condiciones, de quien (consultor Agile/Agente del cambio) no ha tenido miramientos en exponerse a la crítica, el encasillamiento o la indiferencia con tal de hacer bien su trabajo, que no es otro que el de servir como palanca para que se produzcan esos cambios, con el fin último de ser prescindible. 

Puede que suene romántico, incluso pomposo, pero no existe mayor satisfacción para un Agile Coach/Agente del Cambio que recibir todos esos mensajes cuando te despides, cuando tu tiempo se acaba y te dicen que te van a echar de menos, que ha valido la pena, que agradecen tu tiempo y tu involucración. 

La vida sigue, los proyectos nacen y mueren, y los indicadores cambian, los objetivos estratégicos también. Hasta la metodología muta o se adapta a nuevos contextos. Son tantos los factores que influyen… 

Sin embargo, el legado que dejamos en otros, extrapolable a nuestro día a día y entorno más cercano, creo que perdura y difícilmente se diluye cuando de verdad marca un antes y un después en los demás. Yo lo he vivido, y es maravilloso. 

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